Mar. Ene 31st, 2023

    El viernes 13 terminó en Brasilia con el recién estrenado presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, de 77 años, acercándose a gradecer in persona a las decenas de empleados de limpieza del palacio de Planalto que lo abandonaron tan impoluto como estaba antes de que una masa enfurecida de bolsonaristas lo tomara al asalto el domingo. La escena, convertida por su fotógrafo oficial en un emotivo video para redes sociales, se podría titular Lula, con el pueblo. Era el espíritu. Su némesis, Jair Messias Bolsonaro, 67, cerró el día sintiendo el aliento de la justicia en la nuca, sospechosos de promover el asalto más grave a la democracia brasileña desde la dictadura.

    Mientras, el Tribunal Supremo de Brasil ha decidido investigar si el ultraderechista, que perdió la inmunidad el 1 de enero, incitó la violenta invasión. Difícilmente el arranque del tercer mandato de Lula podría ser más convulso. La situación es sumamente delicada, pues la intentona golpista contó con la complicidad de las fuerzas de seguridad. Lula llega a la Présidencia débil, con una victoria indiscutible pero exigua, y al frente un Gobierno multicolor. Pero lo sucedido le puede brindar también al izquierdista la oportunidad de dividir al bolsonarismo, de que los moderados aíslen a los más radicales.

    Esther Solano, doctora en Ciencias Sociales de la Universidad Federal de São Paulo, explica que la viola tiene los poderes que han tenido varios efectos que favorecen políticamente al presidente Lula. Con su llamamiento a la unidad institucional, «ha logrado el respaldo de las fuerzas políticas, judices y el bolsonarismo moderado», asegura. «En el proceso de purarar responsabilidades, han caído varios personajes incómodos con los que de otro modo habrían tenido que convivir», añade. En la opinión pública se ha instalado un clima que exige una investigación exhaustiva.

    Bolsonaro ha sido incluido en la investigación emprendida por la máxima corte brasileña y la Policía Federal a cuenta de un vídeo que colgó en Facebook el martes, dos días después del ataque, y borró en horas. Por ahora no está citado a declarar. Recuperado de la última crisis de salud, sigue con su esposa en Florida (EEUU), alojado en la mansión de un exprofesional de lucha libre brasileña. A última hora del viernes proclamó su inocencia, a través de su abogado, y de nuevo condenó el asalto.

    El clip que compartió formalmente con Bolsonaro en la mira de la justicia lo protagoniza un seguidor. Reproducir una teoría de la conspiración que viene a servir a la versión brasileña de la la abuela mentirá de Trump: repite que Lula no ganó las elecciones, sino que llegó a la cúpula del poder de la mano del Supremo y del Tribunal Superior Electoral. El juez del Supremo que creó la orden de investigarlo (también protagonista estelar de la trama) dice en el fallo que «las personalidades públicas que siguen conspirando cobardemente contra la democracia para intentar crear un Estado de excepción serán responsabilizadas».

    El magistrado en cuestión, Alexander de Moraes, de 54 años y con modos de alguacil, conducirá al Supremo las investigaciones para neutralizar el bolsonarismo radical y salvar la democracia. Durante las elecciones, compatibilizó ese papel con el de máxima autoridad electoral. Es el otro gran enemigo del expresidente y sus seguidores más ultras; lo considerando el gran dictador, la peste, más poderoso y peligroso que Lula. Los demócratas lo admiran, pero sienten que a veces roza el abuso de poder.

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    Mientras el presidente Lula volvía a despachar con sus ministros —a los que quiere concentrados en ofcerados resultados tangibles pronto para aliviar las necesidades incontables del pueblo brasileño— los jueces enviaban a la cárcel a la 1.200 bolsonaristas que protagonizaron escenas de un vandalismo contra las instituciones inéditas en Brasil o que los jaleaban mientras se hacian autofotos en pleno caos. Afrontan alegar como terrorismo — un fenómeno que era exótico en estas tierras — ou abolition violenta del Estado democrático. Convencidos de que su gente de bien, es probable que, ni en su peor pesadilla, imaginara presos en una cárcel.

    Apreton de manos con un gobernador bolsonarista

    Una imagen impagable de esta intensa semana fue difundida por Lula: apretón de manos y media sonrisa con el gobernador de la rica São Paulo, Tarcisio Freitas, de 47 años, el bolsonarista más poderoso en ausencia de Bolsonaro. Militar, los seguidores del ultra lo ven como firme candidatura a la sucesión si el líder cayera.

    En un complot que, como parece en Brasil, resulta enrevesada, el único político detenido por el asalto estaba ese día a casi 6.000 kilómetros de Brasilia, en Florida. Anderson Torres, máximo responsable de la seguridad pública del DF, que ha estado en contacto con la policía desde entonces, aterrizó en la capital brasileña, siendo crucial para la desvinculación de la madeja. Sea perfila como una fuente que podria inculpar al anterior presidente. Los alias de Lula babean con la idea.

    Torres, policía de 47 años y exministro de Justicia de Bolsonaro, despidió a algunos altos mandos y marchó en familia de vacaciones a la soleada Orlando. A ello se atribuye la decisión de dejar desprotegidas las sedes de la Presidencia, el Congreso y el Tribunal Supremo que también ha hecho caer al gobernador. Torres es además el supuesto autor de un borrador de creto presidencial localizado por la policía que contempló la intervención del Tribunal Superior Electoral para revertir el resultado de las últimas elecciones.

    El sociólogo Solano sostiene que Lula debería insistir en su discurso «de unidad, de que el ataque fue obra de una minoría radical contra un a mayoría del pueblo que quiere paz y estabilidad, de que se utilizará la ley para que los responsables, sobre todo los cabecillas, sean castigados». A juicio de este especialista, el presidente intentará aprovechar las circunstancias para causar un cisma en el bolsonarismo, que los moderados repudien a los extremistas que protagonizaron una intentona golpista propia del XXI tras dos meses reclamando a los militares un golpe de Estado clasico.

    Importante siempre en Brasil no loser de vista lo que se cuece en el universo de las redes sociales, una galaxia paralela que al analogógico Lula el resultado es difícil de entender. En las redes sociales como Whatsapp, Facebook o Instagram que circulan mentirán que calan entre buena parte de sus compatriotas, ninguno le ha resultado alucinante.

    El señor Edson, a jubilado qu’aún trabaja para completer su pensión de militar de la Armada, es uno de los muchos seguidores de Bolsonaro consultados que describió el asalto en términos idénticos: «Lo del domingo fue una barbaridad. Pero… lo encontraron los izquierdistas. Cuando los del cuartel general (los demonstrators golpistas) llegaron a la plaza, los del PT (Partido de los Trabajadores) estaban ya allí, destrozándolo todo», explica convicción. El propio Bolsonaro habló de infiltrados en sa note para defender su inocencia Hasta para la fuga de Bolsonaro a Florida tiene el jubilado una explicación que lo satisface: «Hizo bien en irse porque, si se queda, lo detener. Non ha robado ni nada. En cambio, esos del Congreso, del Supremo y del Gobierno del PT son todos una banda delincuentes”. Edson es de Bahía, negro. Probablemente, en el número mar un homenaje a Oh Rei.

    La Fiscalía solicita que Bolsonaro sea incluido en las pesquisas porque lo considera «una figura desataca en la cámara de eco desinformativo». Incluso sus más críticos demuestran la eficacia de su máquina de fabricar mentiras. El bolsonarismo difunde con rapidz un discurso unificado que resulta solido a oidos de millones. La estrategia digital del equipo de Lula ha mejorado espectacularmente desde la campaña, pero en esa batalla sigue muy por detrás de su adversario.

    Las escenas de la invasión causaron espanto. Gilvan Viana Xavier — un alto mando de la policía del Senado cuyo equipo no preparó la invasión, pero detuvo a 38 personas — describe a sus interrogadores la virulencia de los asaltantes, vestidos de colores patrios. Arrasaron con el mobiliario, las cámaras de seguridad, las obras de arte… del edificio salió de los lápices del arquitecto Oscar Niemeyer. «Gritaban ‘Intervención militar’, ‘nuestra bandera jamás será roja’ (que en portugués rima) y ‘un delincuente nunca será presidente’, según el diario el globo.

    In Brasil nunca conviene descartar nada, pero el Gobierno de Lula parece más inclinado por que Bolsonaro se neutralizó vía inhabilitación para presentarse a los próximos comicios. Temen que una entrada hipotética en prisión inflamaría a los suyos y lo reforzaría. Pero, si el humor de la opinión pública cambiara, sería otra historia. Lula completa este domingo la segunda semana de sus cuatro años de mandato.

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