Bruselas revivió la pasada noche sus días más aciagos de 2015 y 2016, cuando la ciudad contuvo la respiración ante la amenaza del terrorismo yihadista que terminó por provocar 32 muertos el 22 de marzo de 2016 en la peor matanza en la ‘capital europea’ desde el fin de la ocupación nazi en 1944.

Dos personas de nacionalidad sueca murieron tiroteadas por un yihadista tunecino el mismo día en que en el Estadio Rey Balduino de la ciudad se disputaba un partido de fútbol entre las selecciones de Bélgica y Suecia. El terrorista dejó videos en los que aseguraba que el ataque era una venganza por las quemas del Corán en Suecia en los últimos meses.

El atentado arrancó poco después de las 19 horas de la noche del lunes. En imágenes de video grabadas por un transeúnte se ve a un hombre, vestido con un anorak naranja y una gorra blanca, bajarse de una pequeña moto y empezar a disparar con un arma larga automática.

Persigue a tiros a dos hombres. Cuando estos se refugian en la entrada de un edificio de oficinas, los sigue y remata a tiros. A la salida dispara a otra persona que va en un taxi pero que sobrevivirá a sus heridas. Mientras hace todo eso grita “Allahu Akbar” (Dios es grande).

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Ocurrió en la capital de Bélgica, minutos antes del partido entre la selección local y la sueca por la clasificación a la Euro 2024. El agresor, con chaleco naranja, abrió fuego con un fusil Kalashnikov.

Después toma de nuevo su moto y huye. Durante horas aparecen en redes sociales varios videos de vecinos que graban al terrorista al verlo pasar bajo sus ventanas.

El gobierno pone en máxima alerta todos los medios policiales disponibles y monta un dispositivo de seguridad a marchas forzadas para evacuar del estadio de fútbol a más de 30.000 personas, entre ellas más de 5.000 de nacionalidad sueca que podrían ser objetivo del yihadista, que todavía sigue fugado.

El estadio no se termina de evacuar hasta las 04:00 horas. Mientras las autoridades elevan al máximo, nivel 4, la alerta terrorista en la ciudad y empiezan a tomar medidas para el día siguiente, cientos de policías peinan la ciudad para intentar detener al tirador, que ni siquiera esconde en sus redes sociales su verdadero nombre e intenciones.

Llegado en 2019 a Bruselas desde Túnez, en 2020 vio cómo era rechazada su solicitud de asilo. Los servicios de Migración del gobierno alegan que le habían perdido la pista, pero desde entonces tuvo algún incidente con la Policía y estaba en un fichero de personas a vigilar por su peligrosidad. La información policial no llegó nunca a las autoridades migratorias, que le habían perdido el rastro y no pudieron deportarle a Túnez cuando su solicitud fue rechazada. Se llamaba Abdesalam L.

Policías patrullan las calles mientras se desaloja el estadio. Foto: JOHN THYS / AFP

La Fiscalía federal antiterrorista contó a media mañana del martes las últimas horas del yihadista. Poco después de las 08:00 un testigo llamó a la Policía y alertó de la presencia del fugado en una cafetería. A la llegada de los primeros agentes de Policía arrancó un tiroteo que acabó con el sospechoso herido gravemente.

Los servicios de urgencias intentaron reanimarlo en el mismo lugar y lo trasladaron al hospital, donde murió a las 09:38, según el relato de la Fiscalía.

En el mismo establecimiento se encontró un arma de fuego (que poco después se confirmaría que era la misma que mató a los dos ciudadanos suecos) y una bolsa con ropa.