El kibutz Kfar Aza, con sus casas derrumbadas, los cadáveres recientemente recogidos y las calles tapizadas de escombros como si hubiera sido blanco de un bombardeo, agrega detalles únicos a la tragedia de estas horas.

La escena es similar a la de las otras comunidades pegadas a la Franja de Gaza que ha recorrido este enviado, pero en Kfar Aza se combatió hasta cuatro días después de la invasión de las milicias de Hamas.

Aquí el ejército demoró 12 horas en llegar para ayudar a los defensores locales y suprimir a los atacantes. Luego se se hallaron cadáveres decapitados que confirman la denuncia sobre la barbarie del asalto del grupo fundamentalista, que sus voceros insisten en desmentir.

La resistencia fue feroz en esta ciudadela, donde murieron 62 de sus casi 700 residentes, uno de los kibutz más poblados junto con el de Be Eri que Clarín visitó el jueves. También de aquí los asaltantes que llegaron en motos o volando en alas delta, se llevaron a un puñado de vecinos de todas las edades como rehenes, hoy todavía atrapados en la Franja.

Soldados israelíes en una casa del kibutz Kfar Aza, arrasada por los disparos de los terroristas de Hamas. Foto: AFP

Cuando este enviado llegó al lugar, Israel intensificaba hasta tres veces los ataques sobre la Franja que está a solo cuatro cuadras de aquí. El retumbe de las bombas hacían vibrar el suelo y se veían densas columnas de humo subir desde ese territorio donde golpeaban los proyectiles.

El bombardeo

El ataque israelí no ha cesado desde el día siguiente a la masacre de los terroristas que ultimaron en apenas horas a más de 1.400 vecinos de dos docenas de estos pueblos con formato muy occidental al estilo de countries o barrios cerrados, con casas cómodas y naturaleza rebosante.

No hay antecedentes de una masacre similar en una sola jornada de ciudadanos judíos desde la fundación del país en 1948, de ahí que muchos aquí se referencian con el holocausto causado por los nazis.

Uno de los guardias que sobrevivió al ataque terrorista relata que lograron ellos matar a dos de los milicianos, pero señala que hubo fuertes combates y se les iban terminando las municiones debido a la demora en llegar de los refuerzos militares.

Hay filmaciones de los propios atacantes que están en manos de la inteligencia israelí y algunas ya fueron difundidas al público, donde se ven escuadras de individuos muy armados entrando en estas barriadas después de anular a los guardias, en general vecinos con experiencia militar.

Es una columna que llega y se distribuye para ir casa por casa abriendo fuego indiscriminado contra sus residentes. Como en los otros kibutz, las viviendas fueron golpeadas con cohetes RPG, las antiguas bazookas, o estalladas con combustibles y garrafas. También se repite el horror de incendiarlas con sus habitantes dentro.

Esos videos son una prueba testimonial hecha por el propio Hamas del carácter brutal del ataque que incluyó vejaciones, robos, tormentos incluso a niños. Se han encontrado cadáveres de chicos atados con alambres.

Varios de los milicianos llevaban una cámara en su casco supuestamente para editar luego las imágenes y usarlas como propaganda. No suponían que caerían en manos israelíes. Pero muchos de quienes las portaban murieron bajo las balas de los defensores y el material es ahora parte del testimonio de este tremendo episodio.

Cuerpos de víctimas del ataque de Hamas en el kibutz Kfar Aza, una imagen del 10 de octubre. Foto: AFP Cuerpos de víctimas del ataque de Hamas en el kibutz Kfar Aza, una imagen del 10 de octubre. Foto: AFP

Limpiar a Hamas de Gaza

Una familia de cinco integrantes que ese sábado a la mañana estaba celebrando, el matrimonio y tres hijos pequeños, fue de los primeros en ser masacrados, cuenta el coronel Golan Vach. Lo hace a un grupo de periodistas, entre ellos Clarín, todos protegidos con chalecos antibalas y cascos debido al frecuente bombardeo de proyectiles desde la cercana frontera de la Franja.

Este militar, de discurso intenso y duro, afirma que a partir de ahora la misión de Israel y de su ejército “será limpiar a Gaza de Hamas”. Luego le comenta a este enviado: «Sabemos que eso demorará pero la misión será letal, debemos ir contra el islam radical y detenerlos. Estos tipos son peores que los nazis”.

Esa ofensiva enciende de fuego a la Franja con un extraordinario costo humanitario y más de 7.000 muertos hasta el momento, cifra sin precedentes fuera de las grandes guerras arabo-israelíes del siglo pasado. Esta consecuencia ya está creando una fuerte polémica internacional y presiones sobre Israel para que se modere, con su principal aliado norteamericano reclamando que proteja a los civiles inocentes del territorio atacado.

Un soldado israelí en una de las casas atacadas en el brutal asalto de Hamas el 7 de octubre. Foto: AFPUn soldado israelí en una de las casas atacadas en el brutal asalto de Hamas el 7 de octubre. Foto: AFP

Al revés que, por ejemplo en el Kibutz Nir Oz, donde prácticamente todas las casas fueron violentadas, quemadas o derrumbadas, en Kfar Aza los terroristas se concentraron en un círculo de algunas calles, donde solo se ve destrucción. Los colchones de las camas están tirados en las calles, algunos con manchas de sangre junto a muebles rotos y enseres de las cocinas.

Todas las casas están abiertas. La ropa en algunos dormitorios sigue colgada en sus perchas pero han desaparecido televisores y otros aparatos en la ola de saqueos que siguió a las matanzas. Hay puertas de los refugios antibombas, que tienen aquí todas las viviendas, perforadas con ráfagas extensas de balas de fusil, emperrados los atacantes por entrar en esos sitios para asesinar o atrapar a las familias recluidas dentro.

Esa bestialidad se repite en testimonios de sobrevivientes que ayudaron a recoger los cadáveres como el general Itai Veruv quien remarcó abrumado: “Ves a los bebés, a la madre, al padre, en sus dormitorios, en sus cuartos de refugio, y ves cómo los terroristas los mataron”.

Las imágenes muestran a los milicianos con uniformes militares, con importante equipamiento, fusil, granadas, cuchillos y lanzadores portátiles de proyectiles. Van en motocicletas, algunas de la cuales quedaron en el kibutz como también en las alas delta con las que volaron sobre la valla fronteriza.

Hubo cantidad de milicianos abatidos por las defensas de la ciudadela, cuyos cadáveres hinchados en la intemperie por el intenso calor fueron los últimos en ser retirados del lugar por los militares.